Escenario de Tierra
Cuando subió aquella puerta de metal y el estadio
quedó al descubierto pude oír perfectamente el clamor de miles de personas que
esperaban con ansia aquella batalla, la repentina luminosidad de los focos me
obligó a cubrirme los ojos con la mano izquierda. A mi lado pude noté como
Charmeleon también se quejaba por el drástico cambio.
Mientras descendía por las escaleras que me
separaban del ring de combate, seguido de mi fiel pokemon, el comentarista
empezó a hablar. Su voz resonaba por todo el estadio amplificada por los
megáfonos.
-Bienvenidos y buenas noches. –La voz era de un
hombre, un famoso reportero pokemon cuyo nombre no viene al caso –Por fin
acaban de abrirse las puertas y acaban de aparecer en el estadio los dos
contrincantes del combate, a un lado tenemos al joven conocido como Zetha cuyo
permiso de inscripción para esta liga fueron las ocho medallas de la región de
Kanto; y, al otro, tenemos a otro juvenil aspirante a campeón, se le conoce por
el nombre de Micky y ha presentado las ocho medallas de Jotho.
-Antes de que empiece el combate debo recordar las
normas del torneo. –Ahora comentaba una voz femenina, compañera del anterior
–Nos encontramos en las primeras rondas, estas no son eliminatorias. Es decir,
que lo que pase aquí esta noche no es decisivo para nuestros concursantes
aunque, ni que decir tiene, que el ganador de este combate tendrá más
posibilidades de hacerse con la copa.
-Los combates de esta primera ronda se realizarán en
cuatro escenarios distintos. –Los dos comentaristas se alternaban para darle
emoción a sus palabras –Ahora nos encontramos ante el escenario de Tierra pero,
aún así, estos dos chavalines se verán obligados a demostrar sus capacidades
estratégicas en los otros tres tipos de escenarios que poseemos en la liga.
-Cada uno de ellos solo podrá elegir tres pokemon
para este combate, que podrán cambiar cuando consideren necesario. Espero que
hayan elegido correctamente y…
-¡Que empiece el combate! –Gritaron ambos al
unísono.
Ya había llegado al lugar que debía ocupar en el
escenario. Una cuadricula de la que no me estaba permitido salir hasta que el
combate terminase, a la altura del suelo donde la perspectiva no me dejaba ver
todos los rincones del ring por las diversas montañas artificiales que este
poseía. El límite de la zona de combate estaba marcado por las mismas marcas
blancas que delimitaban mi zona de movimiento.
Al otro lado del escenario pude discernir a mi
rival, un veinteañero como yo, con el pelo corto despeinado, chaqueta de cuero,
vaqueros rotos y un pequeño Pichu al hombro. “Espero que no piense en usar ese pokemon en este ring, su desventaja
sería abrumadora. Además no creo que ese bebé sea capaz de usar ataques
poderosos.” Junto a mi, en mi casilla se encontraba Charmeleon, estaba
serio, parecía impaciente. Me miró a los ojos como asegurándome de que estaba
preparado, entonces despejé mi mente de cualquier pensamiento que pudiese
ponerme nervioso, seleccioné la pokeball que buscaba y me dispuse a ganar.
-Los dos rivales han sacado ya a su primer pokemon.
–Esta vez comentaba la chica. –Zetha ha decidido empezar con un Kingler, este
al ser de agua debería tener ventaja en el escenario de tierra, pero su rival
no ha sacado un pokemon de este tipo. Sino un Raticate.
-¡Kingler Rayo burbuja! –fue mi primera orden.
-Bajo tierra Raticate. –Mi rival parecía realmente
confiado.
Las burbujas expulsadas por Kingler pasaron flotando
por el sitio que hasta hacía un momento ocupaba su oponente, pero de este solo
quedaba un agujero en el suelo. Yo ordené usar fortaleza justo antes de que
aquel ratón bípedo de pelaje marrón saliese a toda velocidad debajo de la
tierra y lanzase volando a mi anaranjado cangrejo. Este cayó en la ladera de
una de las montañas más altas del estadio y, mientras conseguía incorporarse y
recuperar el sentido de la orientación la voz de mi rival ya había dado la
siguiente orden.
-Raticate fulmínale con un ataque rayo.
Yo intenté advertirle, pero dijera lo que dijese a
Kingler no le dio tiempo a actuar y cuando me quise dar cuenta una gran
descarga eléctrica le estaba dejando inconsciente.
Dos gigantescas televisiones de plasma estaban
colgadas a ambos lados del estadio para transmitir información, junto con
ocasionales anuncios publicitarios, del desarrollo del combate. Cada pantalla
estaba dividida por la mitad y en cada mitad se veía la cara de uno de
nosotros, a la izquierda la mía y a la derecha la de ese tal Micky. Bajo
nuestros rostros habían aparecido, en un pequeño círculo, los de nuestros
combatientes. En aquel momento la imagen de Kingler se puso en blanco y negro,
eliminando a este del combate.
“Mierda, mi primer combare en la liga y menuda
basura para empezarlo. Pero tengo una manera de solucionarlo.”
-¿Cuál será el nuevo pokemon que elegirá el
aspirante de Kanto para sacar al ring? –Los comentaristas no habían parado de
hacer suspicaces apuntes durante lo que llevábamos de combate animando a los
espectadores. Los gritos que estos daban resonaban incluso más fuerte que
cuando yo había entrado al escenario, podía oír, entre la muchedumbre como muchos
coreaban mi nombre y otros muchos el de mi rival.
Saqué mi segundo pokemon, con la esperanza de que
este resultase más eficaz en combate que el anterior. Busqué su pokeball en mi
cinturón y Doublade apareció en mitad del campo de batalla. Este tenía la
típica forma de dos espadas cruzadas con sendos adornos rosas colgando de cada
extremo del mango. Era de tipo acero fantasma, lo cual en teoría me confería
ventaja contra el tipo normal de Raticate, pero ya había visto como usaba un
ataque tipo tierra y otro tipo eléctrico.
El combate se alargó más de media hora entre estos
dos rivales. Yo no podía usar técnicas tipo fantasma ni él tipo normal y
aquello se estaba notando. Pero yo contaba con una ventaja que él desconocía,
asique aproveché cuando mi rival ordenó a su Raticate volver bajo tierra para
hacerme con la victoria.
-Ahora Doublade, utiliza Espada Santa –Fue mi orden.
En aquel momento las hojas de acero que componían su
cuerpo se iluminaron como si estuviesen bendecidas por los deseos de un gran y
poderoso Dios y, este lanzó un gran haz luminoso que atravesó la tierra destrozándola.
Cuando el humo levantado por el ataque se despejó a la vista quedaba un boquete
en el escenario de más de cinco metros de profundidad y, en su punto más bajo,
medio enterrado por los restos de rocas, se encontraba aquel ratón
inconsciente.
-Parece que nuestro concursante de Kanto sabe usar
las habilidades de sus pokemon. –Comentaba en aquel momento la mujer. – Ha usado
la habilidad indefenso de Doublade, lo que le permite acertar un ataque aunque su
enemigo esté bajo tierra, volando a grandes alturas o incluso buceando. Creo
que Micky no se esperaba esta jugada.
El segundo pokemon de mi rival fue un Vileplume.
Aquel humanoide azul con adornos que parecen una mezcla entre florales y fúngicos
en la cabeza. En principio yo debería tener ventaja de tipo al ser Vileplume
planta veneno, pero aquel maldito entrenador no paraba de colocarle estados
alterados a Doublade, a los cinco minutos de haberlo sacado ya estaba
envenenado y paralizado.
-¡Ponte a reunir energía lumínica!
Aquella especie de planta no dudó ni un instante en
obedecer a su maestro y, aunque fuese de noche, comenzó a reunir la energía que
salía de los inmensos focos del estadio mientras sus hojas, que en principio
fueron rojas, se iban tornando con un tono amarillento.
Justo en aquel instante mis armas parecieron
recuperar el control sobre su propio cuerpo y, bajo una orden mía, repitieron
el ataque que había resultado ganador en la ronda previa. Los ataques se
chocaron en el aire. Tras reunir la suficiente energía Vileplume la había
concentrado toda en un rayo de destrucción que lanzó desde el centro de su cabeza.
Cuando las hondas de Estada Santa tocaron aquel rayo se perdieron de vista en
su interior por lo que todos pensamos que aquel último ataque había resultado
en vano.
Pero no fue así. Segundos más tarde Doublade se
encontraba tirado en un rincón del escenario, incapaz de moverse o continuar el
combate, con el acero desconchado e incluso moldeado allí donde el ataque Rayo
Solar le había golpeado. Pero su rival no estaba mejor. Vileplume había perdido
la mitad de una de sus hojas superiores y tenía un profundo corte en el brazo
que no paraba de sangrarle ya que la honda cortante salió por el otro extremo
del rayo de energía impactándole de lleno y dejándolo fuera del campo de
batalla.
-¡Valla! ¡El combate ha llegado a su punto más
emocionante! Ahora a cada rival le queda solo un pokemon por elegir… me
preguntó en que estarán pensando cada uno de ellos. ¿Estarán midiendo a su
rival en un intento por averiguar qué clase de monstruo sacarán ahora de su
bolsillo? –El comentarista masculino comenzaba a caerme peor por momentos, le
estaba dando a aquel momento más emoción de la que realmente necesitaba.
-Oye, tú. ¡Micky! –Le llamé desde mi posición. –Para
tú información, te aviso de que voy a sacar a la caballería. Más te vale que
saques lo más poderoso que tengas porque sino este combate va a perder toda su
emoción.
Como respuesta no le vi más que poner una sonrisa de
medio lado.
-Charmeleon, a por él.
-Lo que imaginaba –Oí llegar la voz de mi enemigo -Sacas
a tu compañero, a tu primer pokemon, supongo que será aquel al que más has
entrenado. Pues seguiré tu consejo y sacaré al combate mi mejor carta, tenía
pensando reservarlo para la gran final, pero eres un rival duro y creo que
valdrá la pena para dar un buen espectáculo.
Y aquella última ronda comenzó con dos grandes
rivales que se miraban a los ojos sin sentirse temerosos ninguno ante el otro,
como si lo único que buscasen fuese el placer de la batalla y divertirse hasta
el final haciéndose con la victoria. A un lado un pokemon bípedo con toques de
dragón, el cuerpo anaranjado, un cuerno en la parte posterior de la cabeza y la
llama que crepitaba de emoción al final de su cola. Al otro, su rival flotaba
sobre el escenario, siendo una alargada serpiente azulada tipo dragón, con un
pequeño cuerno en su frente y varias esferas repartidas por todo su cuerpo
donde almacenar energía. Respondía al nombre de Dragonair.
Sin lugar a dudas los dirigentes de la liga no
podían haber elegido un combate mejor para abrir el torneo, la batalla entre
aquellos dos gigantes del combate se había convertido en una de las más
señaladas en toda la historia de la liga en menos de cinco minutos. Los
espectadores rugían en las gradas, la mayoría ya ni siquiera ocupaba su
asiento, los gritos, los vítores y los ánimos eclipsaban el sonido del combate
e incluso el de los mismos comentaristas.
Dragonair había comenzado el combate lanzando una
gran ráfaga de rayos desde su cuerno, pero el punto fuerte de Charmeleon
siempre había sido su increíble velocidad. Apenas un segundo antes de que el
rayo impactase sobre él ya no quedaba nadie sobre el que realizar el ataque. Este
aprovechó que su rival no esperaba que pudiese moverse tan deprisa para
acercarse hasta él y golpearle usando un poderoso cuchillada, pero el dragón no
perdió el tiempo y lanzó un hiperrayo justo antes de que las cuchillas llegaran
a tocarlo.
-Esquiva eso, no vale la pena golpearle. –Cuando Charmeleon
saltaba al combate con un rival tan poderoso como aquel yo le daba consejos, no
ordenes.
En efecto decidió hacerme caso y saltar hacia un
lado esquivando el rayo antes de terminar el impacto de sus garras. El rayo de
energía voló hacia ninguna parte y golpeó donde turnos atrás había estado Kingler,
destruyendo desde la base la montaña más alta que había en el escenario del
combate. A lo largo de los minutos siguientes Dragonair convocó tormentas de
hielo, lanzó rayos capaces de destruir a cualquier pokemon tipo roca o incluso
llegó a contrarrestar un lanzallamas de Charmeleon usando el mismo ataque en
una potencia similar. Yo nunca había visto a nadie lanzar fuego de aquella
manera, incluso al vencer a Blane (líder del gimnasio de fuego de Kanto)
siempre había sido mi pokemon el que había hecho los mayores incendios.
Charmeleon aprovechó un momento tras lanzar
hiperrayo para acercarse a su oponente y este no pudo hacer nada para evitar la
garra metal que se precipitaba contra él ya que debía reponerse de su ataque.
Así surgió la primera sangre de Dragón en el escenario, ya que mi tipo fuego no
lo había pasado del todo bien durante la tormenta de hielo anterior. Pero, a
pesar de ser el primer golpe que conseguía alcanzarle no nos dimos por
vencidos, sino que vimos una señal de posible victoria en aquel momento. Comenzamos
a combatir su hielo con nuestro fuego, su rayo con nuestra velocidad y su fuego
con más fuego.
El ataque hiperrayo se usaba poco por que Micky ya había
notado que aquello habría temporalmente una brecha en su defensa.
-¡Ya
tengo la manera de vencerle! –Charmeleon sabía que cuando yo decía aquellas
palabras no era en vano por lo que no dudó en seguir mis indicaciones al pie de
la letra. –¡Mete a ese dragóncito en un cono de fuego!
Parecía
que Dragonair no se encontraba del todo cómodo dentro del ataque giro fuego de
Charmeleon. Al principio Micky intentó darle órdenes para que saliese de allí
pero nosotros nos apañamos para mantenerlo dentro de ese cono de calor. Un par
de minutos después a aquel dragón le había entrado el pánico y ya no escuchaba
nada, ni siquiera la débil voz de su maestro por encima de los coros del
publico de la sala. Y comenzó a lanzar ataques por todas partes sin saber donde
se encontraba su agresor y como podía salir de allí. Nosotros esperamos hasta
que cometió el error de volver a lanzar aquel ataque del que debía reponerse.
La
velocidad de Charmeleon hizo el resto. Antes de que se pudiese volver a centrar
en la batalla ya le habíamos hecho una cuchillada y un lanzallamas que nos
ensalzaron con la primera victoria de aquella liga.
“Primera batalla, primera victoria.”