Capítulo 6: Robo fallido
-¡Eh, tú!
¡Aléjate de ella y déjala hacer su trabajo!
El jefe del
equipo debía haberme visto acercarme a su compañera, pero no estaba lo
suficientemente alterado como si supiese que la estaba apuntando con mi arma.
En cambio ella era otro cantar.
Me miraba
directamente a los ojos desde la pequeña abertura que le permitía su
pasamontañas, había podido apreciar cómo se dilataban las pupilas de aquellos
ojos castaños al notar el cañón de mi arma. Su mirada no transmitía miedo, ni
suplica, solamente me miraba como esperando el siguiente paso, como si
estuviese evaluando mi siguiente movimiento antes de reaccionar ella. Entonces
noté como una mano enguantada tocaba mi hombro.
-¡Vamos
apártate! No querrás que nos liemos a tiros.
Y, entonces,
sonó el inconfundible estruendo que resulta al disparar un arma sin
silenciador. Inconscientemente todos miramos al lugar del que procedía aquello,
al otro lado del bar el tercer miembro del equipo de encapuchados se alejaba
lentamente de un chaval que debía tener aproximadamente nuestra edad y sujetaba
en su mano derecha un arma idéntica a la mía pero con el número cero resaltado
en azul en su pantalla. El herido intentaba en vano taponarse con la mano
derecha la entrada de bala que tenía en el pecho, en su retirada intentó
apoyarse con la mano que le quedaba libre en una mesa pero debieron fallarle
las fuerzas porque cayó al suelo llevándose con él el mueble.
-¡Alberto!
–fue el grito que no pudo contener su compañera, esta vez sin forzar su voz.
Cuando me vi
en situación de reaccionar, ella, para mirar la escena del disparo, se había
alejado tanto de mi que mi arma ya no la apuntaba directamente. En cambio el
hombre que se encontraba detrás de mi solo se había movido para apuntar, con
claras intenciones homicidas, al chaval de la glock. En un acto casi reflejo le
empuje golpeando mi hombro contra el suyo, en un gesto ya interiorizado después
de años bailando “pogos”. Sus balas
fueron a chocar directamente contra la pared que se encontraba justo detrás del
joven, sin llegar a tocarlo.
-Isma,
encárgate tú de ella. Este es mío. –Creo que no hubiese hecho falta que dijese
aquello puesto que mi compañero ya se encontraba detrás de la chica intentando
inmovilizarla.
El arma que
portaba mi rival era demasiado grande para poder dispararme eficazmente en un
espacio tan reducido por lo que intentó golpearme con ella. Yo esquivé la
trayectoria dando un paso atrás y aproveché para lanzarle una patada directa al
estomago. Pero sus reflejos no eran inferiores a los míos y consiguió evitarla.
Se echó a un lado y, ya con la suficiente distancia, apretó el gatillo. Noté un
intenso dolor cerca del lado izquierdo de la cadera y aquello me cabreó a
sobremanera.
Cegado por la
ira me abalancé sobre aquel ladrón ignorando la herida que acababa de
producirme. Lo que pasó a continuación fue intenso y borroso, actuaba más por
instinto que siendo consciente de mis actos. Recuerdo haberle tirado al suelo y
haberme subido encima suya, le golpee con mis nudillos hasta verle sangrar y,
en algún momento, consiguió zafarse de mí.
Cuando la
policía entró al bar el líder de la banda acababa de marcharse, seguramente
porque las sirenas le advirtieron de su presencia, y yo me encontraba tirado en
el suelo, apretando la zona por la que previamente había pasado la bala,
sangraba y me dolía. Estoy seguro de que en algún momento del forcejeo debí
llevarme un golpe en esa zona porque si no hubiese matado a aquel tipo.
El caos
gobernaba el lugar mientras los agentes hacían lo que podían por recabar toda
la información posible de lo acontecido. La ambulancia que acompañaba a los de
las placas se llevó sin dudar al atracador herido mientras los otros detenían a
su compañera. Algunos sacaban a los asustados comensales que se habían reunido
en “El cordobés” aquella tarde sin tener ni idea de la sorpresa que el destino
les tenía preparada mientras otros tomaban declaraciones previas a aquellos que
vieron más lucidos, declaraciones que seguro más tarde deberían completar para
aclarar todos los hechos.
Estaba viendo
como un agente preguntaba a mis amigos, sentado en el suelo y apoyado en la
pared, cuando una compañera suya se me acercó. Era rubia, delgada, de cara
afilada pero bonita, ojos castaños y labios finos, bajo su formal atuendo se
distinguía un cuerpo atractivo. Debía rondar los 27 años.
Al dirigirse a
mí me miró directamente a los ojos, poniéndose en cuclillas enfrente de donde
me encontraba. Era evidente que se había dado cuenta de que estaba sangrando.
-Oye, ¿cómo te
encuentras? –Parecía preocupada de verdad, no porque fuese su trabajo
preocuparse- Esa herida está sangrando mucho ¿puedes ponerte en pie para que te
lleve con los enfermeros?
-Tranquila,
mujer. Ha sido solo un pequeño corte.- Dije mientras me levantaba.
-Soy la agente
Torres. Miriam Torres. – parecía preparada para cogerme si en algún momento me
flojeaban las fuerzas. Me abrió la puerta del bar mientras continuaba hablando.
–Tú debes ser el chico que todos dicen que agarró al tercer miembro de la
banda, ¿no?
Llegamos hasta
una de las ambulancias que bloqueaban el paso de vehículos en aquella calle y
mientras un enfermero me reconocía, observaba mi herida y me la vendaba ella
continuó hablando conmigo. Le interesaba todo lo que yo pudiese recordar de lo
sucedido, me pidió un resumen antes de comenzar a preguntar por detalles en
concreto. Yo colaboraba pero estaba más pendiente de mi herida que de aquella
conversación que no recuerdo bien.
-La bala solo
te ha rozado. – el hombre que me atendía aprovechó un momento en que la agente
apuntaba un dato para explicarme la situación. –No es nada especialmente grave
a menos que se te infecte, pero si lo mantienes limpio y te cambias las vendas
un par de veces al día no debería causar ningún problema.
Un par de
minutos más tarde, cuando se aseguraron de que podía mantenerme en pie, una
señora me suplantó en la ambulancia. Debía haber sufrido algún ataque de
nervios por la situación.
-Bueno, con lo
que me has contado creo que será suficiente. Aunque quizás tengamos que
llamarte a testificar en algún momento, asegúrate de quedarte en un sitio donde
podamos contactar contigo. –Se dio la vuelta como si fuese a marcharse pero al
meter su libreta en el bolsillo se paró en seco y se dirigió a mí de nuevo. –Por
cierto, el chico que ha disparado al ladrón herido me ha pedido que te pase
esto.
Me ofreció un papel
doblado, yo lo cogí y ella se marchó sin decir una sola palabra más. La nota
era un fragmento de cuaderno milimetrado, arrancado de cualquier sitio sin
cuidado, y doblada dos veces por la mitad. En su interior solo había dos frases
escritas:
“Me llamo
Rask. Nos vemos en dos días en el escondite.”
Bien! por fin uno nuevo xDD Mola, y parece que ese tal Zetha tiene bastante coña, por lo que veo, no todo el mundo puede decir que una bala solo le ha rozado xD
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