lunes, 24 de marzo de 2014

Aburrimiento y orgullo

Sus manos estaban rojas, de un tono rubí, manchadas de la sangre, aún caliente, que brotaba de aquel cuerpo. En su rostro resplandecía una sonrisa, más orgullosa que alegre, pero sonrisa al fin y al cabo. No podía ocultarlo, se alegraba de verlo allí, agonizando.
Todo el poder del cual alardeaba constantemente estaba extinto, no podía utilizarlo allí donde estaba, tendido en el suelo, con su vida escapándose entre sus dedos. Ya no le quedaban fuerzas para nada, no podía moverse, hablar, ni pedir auxilio. Dedicó su último esfuerzo en memorizar la cara de su asesino: aquel adolescente de apenas dieciséis años, con su oscuro cabello largo cubriéndole parte del rostro, sus ojos resplandecientes y una horrible expresión orgullosa. Le odiaba.
Sonó una campana, de fondo. Ya debía irse, pero quería ver como su acompañante daba un último suspiro. Le vio abrir la boca en un vano intento por pedir ayuda, no funcionó, lo único que consiguió fue que una gota de brillante líquido carmesí corriera por su mejilla. No pudo evitar carcajearse, ver a alguien tan poderoso en aquella situación era magnifico. Se volvió y marchó hacia la puerta, sin que el gesto de su cara llegase a desaparecer.
Justo cuando aquel ser daba su último aliento sonó una campana mucho más cercana y terminaba la clase de la señorita Fids.

Nuestro protagonista cerró su libro, recogió sus cosas y se marchó feliz. Lo había conseguido, había matado al aburrimiento.

viernes, 21 de marzo de 2014

Liga Pokemon

Escenario de Tierra

Cuando subió aquella puerta de metal y el estadio quedó al descubierto pude oír perfectamente el clamor de miles de personas que esperaban con ansia aquella batalla, la repentina luminosidad de los focos me obligó a cubrirme los ojos con la mano izquierda. A mi lado pude noté como Charmeleon también se quejaba por el drástico cambio.
Mientras descendía por las escaleras que me separaban del ring de combate, seguido de mi fiel pokemon, el comentarista empezó a hablar. Su voz resonaba por todo el estadio amplificada por los megáfonos.
-Bienvenidos y buenas noches. –La voz era de un hombre, un famoso reportero pokemon cuyo nombre no viene al caso –Por fin acaban de abrirse las puertas y acaban de aparecer en el estadio los dos contrincantes del combate, a un lado tenemos al joven conocido como Zetha cuyo permiso de inscripción para esta liga fueron las ocho medallas de la región de Kanto; y, al otro, tenemos a otro juvenil aspirante a campeón, se le conoce por el nombre de Micky y ha presentado las ocho medallas de Jotho.
-Antes de que empiece el combate debo recordar las normas del torneo. –Ahora comentaba una voz femenina, compañera del anterior –Nos encontramos en las primeras rondas, estas no son eliminatorias. Es decir, que lo que pase aquí esta noche no es decisivo para nuestros concursantes aunque, ni que decir tiene, que el ganador de este combate tendrá más posibilidades de hacerse con la copa.
-Los combates de esta primera ronda se realizarán en cuatro escenarios distintos. –Los dos comentaristas se alternaban para darle emoción a sus palabras –Ahora nos encontramos ante el escenario de Tierra pero, aún así, estos dos chavalines se verán obligados a demostrar sus capacidades estratégicas en los otros tres tipos de escenarios que poseemos en la liga.
-Cada uno de ellos solo podrá elegir tres pokemon para este combate, que podrán cambiar cuando consideren necesario. Espero que hayan elegido correctamente y…
-¡Que empiece el combate! –Gritaron ambos al unísono.
Ya había llegado al lugar que debía ocupar en el escenario. Una cuadricula de la que no me estaba permitido salir hasta que el combate terminase, a la altura del suelo donde la perspectiva no me dejaba ver todos los rincones del ring por las diversas montañas artificiales que este poseía. El límite de la zona de combate estaba marcado por las mismas marcas blancas que delimitaban mi zona de movimiento.
Al otro lado del escenario pude discernir a mi rival, un veinteañero como yo, con el pelo corto despeinado, chaqueta de cuero, vaqueros rotos y un pequeño Pichu al hombro. “Espero que no piense en usar ese pokemon en este ring, su desventaja sería abrumadora. Además no creo que ese bebé sea capaz de usar ataques poderosos.” Junto a mi, en mi casilla se encontraba Charmeleon, estaba serio, parecía impaciente. Me miró a los ojos como asegurándome de que estaba preparado, entonces despejé mi mente de cualquier pensamiento que pudiese ponerme nervioso, seleccioné la pokeball que buscaba y me dispuse a ganar.
-Los dos rivales han sacado ya a su primer pokemon. –Esta vez comentaba la chica. –Zetha ha decidido empezar con un Kingler, este al ser de agua debería tener ventaja en el escenario de tierra, pero su rival no ha sacado un pokemon de este tipo. Sino un Raticate.
-¡Kingler Rayo burbuja! –fue mi primera orden.
-Bajo tierra Raticate. –Mi rival parecía realmente confiado.
Las burbujas expulsadas por Kingler pasaron flotando por el sitio que hasta hacía un momento ocupaba su oponente, pero de este solo quedaba un agujero en el suelo. Yo ordené usar fortaleza justo antes de que aquel ratón bípedo de pelaje marrón saliese a toda velocidad debajo de la tierra y lanzase volando a mi anaranjado cangrejo. Este cayó en la ladera de una de las montañas más altas del estadio y, mientras conseguía incorporarse y recuperar el sentido de la orientación la voz de mi rival ya había dado la siguiente orden.
-Raticate fulmínale con un ataque rayo.
Yo intenté advertirle, pero dijera lo que dijese a Kingler no le dio tiempo a actuar y cuando me quise dar cuenta una gran descarga eléctrica le estaba dejando inconsciente.
Dos gigantescas televisiones de plasma estaban colgadas a ambos lados del estadio para transmitir información, junto con ocasionales anuncios publicitarios, del desarrollo del combate. Cada pantalla estaba dividida por la mitad y en cada mitad se veía la cara de uno de nosotros, a la izquierda la mía y a la derecha la de ese tal Micky. Bajo nuestros rostros habían aparecido, en un pequeño círculo, los de nuestros combatientes. En aquel momento la imagen de Kingler se puso en blanco y negro, eliminando a este del combate.
“Mierda, mi primer combare en la liga y menuda basura para empezarlo. Pero tengo una manera de solucionarlo.”
-¿Cuál será el nuevo pokemon que elegirá el aspirante de Kanto para sacar al ring? –Los comentaristas no habían parado de hacer suspicaces apuntes durante lo que llevábamos de combate animando a los espectadores. Los gritos que estos daban resonaban incluso más fuerte que cuando yo había entrado al escenario, podía oír, entre la muchedumbre como muchos coreaban mi nombre y otros muchos el de mi rival.
Saqué mi segundo pokemon, con la esperanza de que este resultase más eficaz en combate que el anterior. Busqué su pokeball en mi cinturón y Doublade apareció en mitad del campo de batalla. Este tenía la típica forma de dos espadas cruzadas con sendos adornos rosas colgando de cada extremo del mango. Era de tipo acero fantasma, lo cual en teoría me confería ventaja contra el tipo normal de Raticate, pero ya había visto como usaba un ataque tipo tierra y otro tipo eléctrico.
El combate se alargó más de media hora entre estos dos rivales. Yo no podía usar técnicas tipo fantasma ni él tipo normal y aquello se estaba notando. Pero yo contaba con una ventaja que él desconocía, asique aproveché cuando mi rival ordenó a su Raticate volver bajo tierra para hacerme con la victoria.
-Ahora Doublade, utiliza Espada Santa –Fue mi orden.
En aquel momento las hojas de acero que componían su cuerpo se iluminaron como si estuviesen bendecidas por los deseos de un gran y poderoso Dios y, este lanzó un gran haz luminoso que atravesó la tierra destrozándola. Cuando el humo levantado por el ataque se despejó a la vista quedaba un boquete en el escenario de más de cinco metros de profundidad y, en su punto más bajo, medio enterrado por los restos de rocas, se encontraba aquel ratón inconsciente.
-Parece que nuestro concursante de Kanto sabe usar las habilidades de sus pokemon. –Comentaba en aquel momento la mujer. – Ha usado la habilidad indefenso de Doublade, lo que le permite acertar un ataque aunque su enemigo esté bajo tierra, volando a grandes alturas o incluso buceando. Creo que Micky no se esperaba esta jugada.
El segundo pokemon de mi rival fue un Vileplume. Aquel humanoide azul con adornos que parecen una mezcla entre florales y fúngicos en la cabeza. En principio yo debería tener ventaja de tipo al ser Vileplume planta veneno, pero aquel maldito entrenador no paraba de colocarle estados alterados a Doublade, a los cinco minutos de haberlo sacado ya estaba envenenado y paralizado.
-¡Ponte a reunir energía lumínica!
Aquella especie de planta no dudó ni un instante en obedecer a su maestro y, aunque fuese de noche, comenzó a reunir la energía que salía de los inmensos focos del estadio mientras sus hojas, que en principio fueron rojas, se iban tornando con un tono amarillento.
Justo en aquel instante mis armas parecieron recuperar el control sobre su propio cuerpo y, bajo una orden mía, repitieron el ataque que había resultado ganador en la ronda previa. Los ataques se chocaron en el aire. Tras reunir la suficiente energía Vileplume la había concentrado toda en un rayo de destrucción que lanzó desde el centro de su cabeza. Cuando las hondas de Estada Santa tocaron aquel rayo se perdieron de vista en su interior por lo que todos pensamos que aquel último ataque había resultado en vano.
Pero no fue así. Segundos más tarde Doublade se encontraba tirado en un rincón del escenario, incapaz de moverse o continuar el combate, con el acero desconchado e incluso moldeado allí donde el ataque Rayo Solar le había golpeado. Pero su rival no estaba mejor. Vileplume había perdido la mitad de una de sus hojas superiores y tenía un profundo corte en el brazo que no paraba de sangrarle ya que la honda cortante salió por el otro extremo del rayo de energía impactándole de lleno y dejándolo fuera del campo de batalla.
-¡Valla! ¡El combate ha llegado a su punto más emocionante! Ahora a cada rival le queda solo un pokemon por elegir… me preguntó en que estarán pensando cada uno de ellos. ¿Estarán midiendo a su rival en un intento por averiguar qué clase de monstruo sacarán ahora de su bolsillo? –El comentarista masculino comenzaba a caerme peor por momentos, le estaba dando a aquel momento más emoción de la que realmente necesitaba.
-Oye, tú. ¡Micky! –Le llamé desde mi posición. –Para tú información, te aviso de que voy a sacar a la caballería. Más te vale que saques lo más poderoso que tengas porque sino este combate va a perder toda su emoción.
Como respuesta no le vi más que poner una sonrisa de medio lado.
-Charmeleon, a por él.
-Lo que imaginaba –Oí llegar la voz de mi enemigo -Sacas a tu compañero, a tu primer pokemon, supongo que será aquel al que más has entrenado. Pues seguiré tu consejo y sacaré al combate mi mejor carta, tenía pensando reservarlo para la gran final, pero eres un rival duro y creo que valdrá la pena para dar un buen espectáculo.
Y aquella última ronda comenzó con dos grandes rivales que se miraban a los ojos sin sentirse temerosos ninguno ante el otro, como si lo único que buscasen fuese el placer de la batalla y divertirse hasta el final haciéndose con la victoria. A un lado un pokemon bípedo con toques de dragón, el cuerpo anaranjado, un cuerno en la parte posterior de la cabeza y la llama que crepitaba de emoción al final de su cola. Al otro, su rival flotaba sobre el escenario, siendo una alargada serpiente azulada tipo dragón, con un pequeño cuerno en su frente y varias esferas repartidas por todo su cuerpo donde almacenar energía. Respondía al nombre de Dragonair.
Sin lugar a dudas los dirigentes de la liga no podían haber elegido un combate mejor para abrir el torneo, la batalla entre aquellos dos gigantes del combate se había convertido en una de las más señaladas en toda la historia de la liga en menos de cinco minutos. Los espectadores rugían en las gradas, la mayoría ya ni siquiera ocupaba su asiento, los gritos, los vítores y los ánimos eclipsaban el sonido del combate e incluso el de los mismos comentaristas.
Dragonair había comenzado el combate lanzando una gran ráfaga de rayos desde su cuerno, pero el punto fuerte de Charmeleon siempre había sido su increíble velocidad. Apenas un segundo antes de que el rayo impactase sobre él ya no quedaba nadie sobre el que realizar el ataque. Este aprovechó que su rival no esperaba que pudiese moverse tan deprisa para acercarse hasta él y golpearle usando un poderoso cuchillada, pero el dragón no perdió el tiempo y lanzó un hiperrayo justo antes de que las cuchillas llegaran a tocarlo.
-Esquiva eso, no vale la pena golpearle. –Cuando Charmeleon saltaba al combate con un rival tan poderoso como aquel yo le daba consejos, no ordenes.
En efecto decidió hacerme caso y saltar hacia un lado esquivando el rayo antes de terminar el impacto de sus garras. El rayo de energía voló hacia ninguna parte y golpeó donde turnos atrás había estado Kingler, destruyendo desde la base la montaña más alta que había en el escenario del combate. A lo largo de los minutos siguientes Dragonair convocó tormentas de hielo, lanzó rayos capaces de destruir a cualquier pokemon tipo roca o incluso llegó a contrarrestar un lanzallamas de Charmeleon usando el mismo ataque en una potencia similar. Yo nunca había visto a nadie lanzar fuego de aquella manera, incluso al vencer a Blane (líder del gimnasio de fuego de Kanto) siempre había sido mi pokemon el que había hecho los mayores incendios.
Charmeleon aprovechó un momento tras lanzar hiperrayo para acercarse a su oponente y este no pudo hacer nada para evitar la garra metal que se precipitaba contra él ya que debía reponerse de su ataque. Así surgió la primera sangre de Dragón en el escenario, ya que mi tipo fuego no lo había pasado del todo bien durante la tormenta de hielo anterior. Pero, a pesar de ser el primer golpe que conseguía alcanzarle no nos dimos por vencidos, sino que vimos una señal de posible victoria en aquel momento. Comenzamos a combatir su hielo con nuestro fuego, su rayo con nuestra velocidad y su fuego con más fuego.
El ataque hiperrayo se usaba poco por que Micky ya había notado que aquello habría temporalmente una brecha en su defensa.
-¡Ya tengo la manera de vencerle! –Charmeleon sabía que cuando yo decía aquellas palabras no era en vano por lo que no dudó en seguir mis indicaciones al pie de la letra. –¡Mete a ese dragóncito en un cono de fuego!
Parecía que Dragonair no se encontraba del todo cómodo dentro del ataque giro fuego de Charmeleon. Al principio Micky intentó darle órdenes para que saliese de allí pero nosotros nos apañamos para mantenerlo dentro de ese cono de calor. Un par de minutos después a aquel dragón le había entrado el pánico y ya no escuchaba nada, ni siquiera la débil voz de su maestro por encima de los coros del publico de la sala. Y comenzó a lanzar ataques por todas partes sin saber donde se encontraba su agresor y como podía salir de allí. Nosotros esperamos hasta que cometió el error de volver a lanzar aquel ataque del que debía reponerse.
La velocidad de Charmeleon hizo el resto. Antes de que se pudiese volver a centrar en la batalla ya le habíamos hecho una cuchillada y un lanzallamas que nos ensalzaron con la primera victoria de aquella liga.

“Primera batalla, primera victoria.”

martes, 11 de marzo de 2014

Balas de la igualdad. Cap. 6

Capítulo 6: Robo fallido

-¡Eh, tú! ¡Aléjate de ella y déjala hacer su trabajo!
El jefe del equipo debía haberme visto acercarme a su compañera, pero no estaba lo suficientemente alterado como si supiese que la estaba apuntando con mi arma. En cambio ella era otro cantar.
Me miraba directamente a los ojos desde la pequeña abertura que le permitía su pasamontañas, había podido apreciar cómo se dilataban las pupilas de aquellos ojos castaños al notar el cañón de mi arma. Su mirada no transmitía miedo, ni suplica, solamente me miraba como esperando el siguiente paso, como si estuviese evaluando mi siguiente movimiento antes de reaccionar ella. Entonces noté como una mano enguantada tocaba mi hombro.
-¡Vamos apártate! No querrás que nos liemos a tiros.
Y, entonces, sonó el inconfundible estruendo que resulta al disparar un arma sin silenciador. Inconscientemente todos miramos al lugar del que procedía aquello, al otro lado del bar el tercer miembro del equipo de encapuchados se alejaba lentamente de un chaval que debía tener aproximadamente nuestra edad y sujetaba en su mano derecha un arma idéntica a la mía pero con el número cero resaltado en azul en su pantalla. El herido intentaba en vano taponarse con la mano derecha la entrada de bala que tenía en el pecho, en su retirada intentó apoyarse con la mano que le quedaba libre en una mesa pero debieron fallarle las fuerzas porque cayó al suelo llevándose con él el mueble.
-¡Alberto! –fue el grito que no pudo contener su compañera, esta vez sin forzar su voz.
Cuando me vi en situación de reaccionar, ella, para mirar la escena del disparo, se había alejado tanto de mi que mi arma ya no la apuntaba directamente. En cambio el hombre que se encontraba detrás de mi solo se había movido para apuntar, con claras intenciones homicidas, al chaval de la glock. En un acto casi reflejo le empuje golpeando mi hombro contra el suyo, en un gesto ya interiorizado después de años bailando “pogos”. Sus balas fueron a chocar directamente contra la pared que se encontraba justo detrás del joven, sin llegar a tocarlo.
-Isma, encárgate tú de ella. Este es mío. –Creo que no hubiese hecho falta que dijese aquello puesto que mi compañero ya se encontraba detrás de la chica intentando inmovilizarla.
El arma que portaba mi rival era demasiado grande para poder dispararme eficazmente en un espacio tan reducido por lo que intentó golpearme con ella. Yo esquivé la trayectoria dando un paso atrás y aproveché para lanzarle una patada directa al estomago. Pero sus reflejos no eran inferiores a los míos y consiguió evitarla. Se echó a un lado y, ya con la suficiente distancia, apretó el gatillo. Noté un intenso dolor cerca del lado izquierdo de la cadera y aquello me cabreó a sobremanera.
Cegado por la ira me abalancé sobre aquel ladrón ignorando la herida que acababa de producirme. Lo que pasó a continuación fue intenso y borroso, actuaba más por instinto que siendo consciente de mis actos. Recuerdo haberle tirado al suelo y haberme subido encima suya, le golpee con mis nudillos hasta verle sangrar y, en algún momento, consiguió zafarse de mí.
Cuando la policía entró al bar el líder de la banda acababa de marcharse, seguramente porque las sirenas le advirtieron de su presencia, y yo me encontraba tirado en el suelo, apretando la zona por la que previamente había pasado la bala, sangraba y me dolía. Estoy seguro de que en algún momento del forcejeo debí llevarme un golpe en esa zona porque si no hubiese matado a aquel tipo.
El caos gobernaba el lugar mientras los agentes hacían lo que podían por recabar toda la información posible de lo acontecido. La ambulancia que acompañaba a los de las placas se llevó sin dudar al atracador herido mientras los otros detenían a su compañera. Algunos sacaban a los asustados comensales que se habían reunido en “El cordobés” aquella tarde sin tener ni idea de la sorpresa que el destino les tenía preparada mientras otros tomaban declaraciones previas a aquellos que vieron más lucidos, declaraciones que seguro más tarde deberían completar para aclarar todos los hechos.
Estaba viendo como un agente preguntaba a mis amigos, sentado en el suelo y apoyado en la pared, cuando una compañera suya se me acercó. Era rubia, delgada, de cara afilada pero bonita, ojos castaños y labios finos, bajo su formal atuendo se distinguía un cuerpo atractivo. Debía rondar los 27 años.
Al dirigirse a mí me miró directamente a los ojos, poniéndose en cuclillas enfrente de donde me encontraba. Era evidente que se había dado cuenta de que estaba sangrando.
-Oye, ¿cómo te encuentras? –Parecía preocupada de verdad, no porque fuese su trabajo preocuparse- Esa herida está sangrando mucho ¿puedes ponerte en pie para que te lleve con los enfermeros?
-Tranquila, mujer. Ha sido solo un pequeño corte.- Dije mientras me levantaba.
-Soy la agente Torres. Miriam Torres. – parecía preparada para cogerme si en algún momento me flojeaban las fuerzas. Me abrió la puerta del bar mientras continuaba hablando. –Tú debes ser el chico que todos dicen que agarró al tercer miembro de la banda, ¿no?
Llegamos hasta una de las ambulancias que bloqueaban el paso de vehículos en aquella calle y mientras un enfermero me reconocía, observaba mi herida y me la vendaba ella continuó hablando conmigo. Le interesaba todo lo que yo pudiese recordar de lo sucedido, me pidió un resumen antes de comenzar a preguntar por detalles en concreto. Yo colaboraba pero estaba más pendiente de mi herida que de aquella conversación que no recuerdo bien.
-La bala solo te ha rozado. – el hombre que me atendía aprovechó un momento en que la agente apuntaba un dato para explicarme la situación. –No es nada especialmente grave a menos que se te infecte, pero si lo mantienes limpio y te cambias las vendas un par de veces al día no debería causar ningún problema.
Un par de minutos más tarde, cuando se aseguraron de que podía mantenerme en pie, una señora me suplantó en la ambulancia. Debía haber sufrido algún ataque de nervios por la situación.
-Bueno, con lo que me has contado creo que será suficiente. Aunque quizás tengamos que llamarte a testificar en algún momento, asegúrate de quedarte en un sitio donde podamos contactar contigo. –Se dio la vuelta como si fuese a marcharse pero al meter su libreta en el bolsillo se paró en seco y se dirigió a mí de nuevo. –Por cierto, el chico que ha disparado al ladrón herido me ha pedido que te pase esto.
Me ofreció un papel doblado, yo lo cogí y ella se marchó sin decir una sola palabra más. La nota era un fragmento de cuaderno milimetrado, arrancado de cualquier sitio sin cuidado, y doblada dos veces por la mitad. En su interior solo había dos frases escritas:


“Me llamo Rask. Nos vemos en dos días en el escondite.”