martes, 12 de agosto de 2014

Balas de la igualdad. Cap. 7

Capitulo 7: El escondite
Tardé un par de días en descubrir qué era exactamente “El escondite” por lo que cuando supe donde estaba ya era el momento de visitarlo. Me dirigí allí con Cero, dispuestos a descubrir quién era el misterioso chico de la nota y porque me había citado en un sitio tan extraño.
El lugar era un pequeño local abandonado próximo al parque donde solíamos quedar pero oculto tras una esquina de un bloque de edificios. Un rótulo apagado y con las letras desgastadas mostraba su nombre, las ventanas estaban tapiadas y la puerta cerrada con candado. El nombre le venía al pelo pues, sin lugar a dudas, estaba escondido de los transeúntes habituales pues su único punto de acceso daba a una plazoleta abandonada entre bloques de edificios. No logramos abrir la puerta por mucho que lo intentamos y las ventanas tapiadas con ladrillos no nos permitían mirar a través de ellas por lo que no podíamos saber cómo era en su interior.
-Bueno, ¿y ahora qué? –Preguntó Cero.
-Pues no lo sé, tío. Deberíamos entrar pero no sé cómo.
-¿Y si intentamos forzar la cerradura?
-¿Cómo? Yo nunca he forzado ninguna.
-A ver, déjame intentarlo a mí. Puede que consiga algo.
Cero sacó su teléfono móvil de un bolsillo y le quitó la tapa trasera, la que protege la batería. Allí escondidos tenía un par de filamentos de metal, los manipuló un poco hasta que tuvieron la forma que él deseaba y se inclinó sobre la cerradura.
-¿Has hecho esto antes? –Pregunté sorprendido.
-¿Forzar la cerradura de una propiedad privada ajena a nosotros para colarnos en ella? –Hizo una pequeña pausa mientras intentaba infructuosamente hacer girar uno de los filamentos –No, nunca.
-¿Y porque llevas eso oculto en el móvil?
-Em… -Hizo una pausa y me miró a los ojos –Es una historia un poco larga…
-Cuéntamela, no tenemos nada mejor que hacer mientras intentas abrir.
Cero pasó rápidamente la mirada por la plaza en la que nos encontrábamos, estaba desierta, luego por las ventanas de los distintos bloques de edificios, todas cerradas, nadie nos prestaba atención.
-Te contaré la versión resumida. –Aceptó mientras volvía intentar que entrásemos al local. –A los pocos días de cumplir yo los catorce mi hermano me llevó un fin de semana, los dos solos, al pueblo. Bueno, ya conoces nuestra casa de allí, en realidad no pertenece al  pueblo, está a un par de kilómetros. Es un chale de dos plantas, con piscina, jardín, garaje y un pequeño edificio adjunto donde guardamos las herramientas, maquinaria para cuidar el cloro del agua, etc.
>>El mismo viernes, al poco de llegar, me pidió que le trajera una llave inglesa mientras revisaba el coche y yo, sin vacilar, me dirigí a nuestro trastero pero no me di cuenta de que él me seguía. Cuando entré me cerró la puerta y se quedó las llaves, dejándome encerrado. Pasé más de veinticuatro horas dentro de aquella sucia, pequeña y oscura habitación. No pienses que fue como castigo, ni que mi hermano me odia ni nada de eso. Él volvía cada pocas horas a asegurarse de que me encontraba bien, nunca entró, ni abrió la puerta pero saber que no se había olvidado de mí era un gran apoyo.
>>Las primeras horas que pasé allí fueron las peores, lo veía todo oscuro, si me movía tropezaba con algo y podría tirar y romper muchas cosas, no tenía nada que comer ni un sitio cómodo donde pasar la noche. Sinceramente, desde ese momento, me ponen un poco nervioso los espacios pequeños. El caso es que, cuando desperté el sábado todavía allí dentro, con la espalda dolorida por la mala postura, un dolor incesante en la tripa debido al hambre, la garganta seca por la sed y con mis ojos cómodamente adaptados a la escasez de luz decidí que debía salir de allí por mis propios medios. No tardé más de una hora en encontrar estas cosas en una de las estanterías y con ellas logré forzar la vieja y oxidada cerradura de aquella puerta.
Durante el transcurso de su historia Cero se había abstraído tanto que había dejado de insistir con la puerta de El escondite. Y cuando la terminó yo no pude reprimirme:
-¿Nunca le preguntaste porqué hizo eso?
-Claro que se lo pregunté, me dijo que lo hizo para demostrar que yo era capaz de salir de ahí por mis propios medios, sin ayuda. Y, en verdad, lo conseguí.
-Pero hay algo en tu historia que no me encaja. Dices que estuviste más de veinticuatro horas dentro pero que conseguiste salir al poco de despertarte el sábado… Eso no tiene mucho sentido.
-Vamos a ver Zetha. –En su tono de voz había cierto nivel de exasperación, como si yo no me diese cuenta de algo obvio. – Yo era un chaval y en aquel momento me dominaban los nervios y el miedo. Seguramente cuando conseguí dormirme ya era sábado tranquilamente y el sol brillaba en el cielo, solo que yo no podía verlo. Asique, si, al poco de despertarme conseguí salir pero ya estaba anocheciendo cuando lo hice.
Hubo un minuto de silencio, de reflexión.
-Bueno, y ¿has dado esta puerta como una causa perdida o qué? – Dije intentando cambiar de tema.
-¿Esta? No, ya la había abierto solo que como estaba contándote eso se me había olvidado. -Empujó la puerta con una sola mano y esta cedió, abriéndose.
 El estruendo que provocó quedó latente en la silenciosa plaza incluso varios minutos después de que el verdadero sonido hubiese cesado y, para colmo, este estaba acompañado de un nauseabundo olor. Nos alarmamos, pues algún vecino podría haberlo oído y quizá llamase a las autoridades, y decidimos coger aire fuera, entrar deprisa y acabar rápido lo que hubiese que hacer allí evitando respirar aquel ambiente.
Nada en el local parecía señalar que hubiese sido utilizado en el último año, había una capa de varios centímetros de polvo acumulado por todas partes y, por cómo había sonado cuando abrimos, las bisagras necesitaban engrasarse. Estaba diseñado para haber sido un pequeño pub, había un desnivel en el suelo donde alguna vez hubo una barra que separaba a la parte donde se quedan disfrutando los clientes de aquella donde los trabajadores desempeñaban sus labores. A parte de la sala principal donde nos encontrábamos había dos baños, uno para cada sexo, y una cocina. No había ni un solo mueble.
Pero lo que más destacaba de todo lo que había era una pintada en color rojo sangre ocupando toda la pared del fondo del local. El mensaje podía leerse claramente: “Skyzorum dejó algo aquí. Hay que encontrarlo. Rask.” Sin dilación nos pusimos a buscar por cualquier cosa que no encajase allí. La fuente del olor resultó ser el cuerpo en descomposición de una chica en el baño de los hombres.
-Tenemos que largarnos de aquí. –fue la frase de Cero nada más encontrarla.

Yo me disponía a rebatirle, aquel chico era evidente que intentaba decirnos algo, algo en lo que se jugaban vidas, y a mí nunca me ha gustado dejar un rompecabezas a medias, no desvelar todas las incógnitas de la situación… Pero el inconfundible sonido de las sirenas acercándose le daba toda la razón.